Hace poco más de cincuenta años, en este pequeño pueblo de Cundinamarca, el Hotel Catay abrió sus puertas por primera vez. Desde ese momento predominó aquí un ambiente de familia y un encanto simple y sencillo.

Hoy, el Hotel Catay es: las palmeras reales y una palmera bismarkiana, árboles aceitunos, oitis y arbolitos de Granada, cuyo fruto es parte del escudo nacional; mangos de distintos tipos como el mango tomy, fair child, azúcar, criollo y el llamado chancleto; árboles de aromas como el recedo, mirtos, caballero de la noche y borracheros; flores copas de oro, quinceañeras, y distintos tipos de cayenos; y lógicamente la rosa; flores primaveras, blancas, moradas, naranjas y rojas, también llamadas Santa Rita, y cuyo nombre científico es el de buganvillas; matas de plátano, marañones, guanábanas y aguacates; gulupas, una de las frutas pasionarias (pasifloras), cuya flor por orden del papa de la época debía servir para enseñarles a los indios la pasión de Cristo; el guayacán y los chicalas, árboles símbolos de la región; la rosa del desierto (cactus); el príncipe Orange y los crotos de diversas clases, así como distintos tipos de helechos; la piña diminuta y también algunas piñas y papayos; mandarino, naranjo y coca; la viudita del Brasil; y que no se nos olviden los nísperos, famosos por ser la primera materia prima para el chicle Adams ya que los Mayas masticaban esta pasta; y los dos cafetos para tomarse un cafecito propio; y los pinos y los cenizos, los guayabos, las sisiras y las astromelias; los perros (los que están y los que se han ido) y los pájaros; la vista hacia la Cordillera Oriental, el cerro Guacaná y el río Bogotá. . .

Y claro, para descansar de tanta naturaleza, hay wifi, cable, televisión, juegos de mesa, una pequeña biblioteca, piscina, bar y comedor.

Sobre Tocaima y los tocaimunos hay mucho y poco que decir: las tribus Panches erigieron el cerro Guacaná sobre gigantescas columnas de oro, y por toda la región, se dice, yacen treinta y ocho guacas enterradas. Sin embargo, fueron los pozos azufrados y su clima caliente, los que le dieron el mote de la ciudad salud de Colombia. Y, mucho antes de que Bolívar y Santander tuvieran un recordado encuentro en el palacio municipal en 1826, Tocaima recibió la cédula y escudo de armas reales por parte de Carlos V.

 

 

 

 

 

 

 

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